COLECCIONES | NUEVA TEMPORADA
Imatge 1
Otoño-invierno 2011-12

Limerence

Sube corriendo las escaleras, quiere enseñarle la tontería que acaba de comprarle. Corre a la sala de estar. Maletas. “Suerte que has llegado, tengo que irme, ha surgido algo”. No entiende nada. “¿A dónde vas?”. El coge las maletas. “A Barcelona, voy a ver a mis amigos de Erasmus. Mañana viajaré desde allí a París. Acaban de nombrar a mi padre Secretario de Estado, me ha llamado, quiere que vuelva...”. No le dejó terminar. En la cocina encontró tres bolsas gigantes, vació su armario y su cómoda. Estaba en un estado próximo a la locura. No oía bien lo que él le decía. Todo era de un color más vivo y parecía cubierto por una neblina casi transparente. Su corazón estaba a punto de estallar. Bajó las escaleras, paró a un taxi. “A Atocha, rápido”. Pidió un billete para el primer AVE que saliera de Madrid. Entró en el tren, alguien le acompañó a su asiento. Se sentó frente a nosotros. Era el AVE de las 17.00h. a Barcelona.
Durante el trayecto nos explicó su historia. Se conocieron un fin de semana en Barcelona. El, un estudiante del programa Erasmus hijo de una familia de la alta burguesía parisina; ella, nieta de una modista madrileña que la había criado desde los dos años cuando sus padres fallecieron en un accidente. Fue pasión desde el primer segundo. El se acabó instalando en Madrid. Ella vivía con un miedo constante a perderlo. El era lo contrario a ella, tranquilo, prudente, siempre viendo el lado positivo de las cosas, ordenado, conservador, previsible,... solo coincidan en una cosa, su pasión por la moda. Nos contó que él volvía a París, que habían nombrado a su padre Secretario de Estado, que ella siempre supo que acataría así, que su familia lo llamaría y que él obedecería porque los adoraba. Nos lo contó todo. Nos enseñó su ropa, su mundo metido en aquellas tres bolsas gigantes, los vestidos de su abuela, lo que compraba en el Rastro y las prendas que él le había regalado, exquisitas. A ratos reíamos, de repente lloraba y parecía una niña desconsolada, luego las risas volvían. “¿Pero te ha dicho que era definitivo, que no volvería de París?”. “No”. “¿Cómo?”. “No lo se”. “¿No lo sabes?”. Nos lo explicó de nuevo, esta vez con todos los detalles que lograba recordar. No la dejamos terminar: “Entonces, no te ha dejado!” gritamos a la vez. Ella se quedó callada, nos miraba fijamente, parecía en estado de shock. La convencimos para que abriera su móvil, tenia 27 mensajes de él. Quería saber dónde estaba, le decía que necesitaba hablar con ella. Conseguimos que contestara, que él supiera que a las 19.38h. llegaría a la estación de Sants.
Al llegar a Barcelona, nos abrazamos y le deseamos mucha suerte. Salimos corriendo, nuestro tren a Figueres salia a las 19.46h. . Al bajar por las escaleras mecánicas hacia nuestro andén, la vimos en el hall, de repente su cara se iluminó, miramos hacia donde ella miraba, era tarde, las escaleras mecánicas nos hundían hacia el andén.
Siempre hemos creído que él la estaba esperando, que viajaron juntos a París, que convencieron a sus padres de que no podían vivir separados, de que querían construir su vida en Madrid, y que sus padres, finalmente, lo habrían aceptado. Somos románticos y nos gustan los finales felices.
Esta colección está dedicada a ella. Nos la imaginamos vistiendo estas prendas y caminando abrazada a él, que está loco por ella.
Aunque quizás las cosas no fueron así y ella viste prendas como las de nuestra colección mientras quema la fortuna de su marido, un multimillonario francés que, en las pasadas elecciones presidenciales, fue el mayor contribuyente de la campaña del partido al que pertenece el padre de él.

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